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La narración siempre ha sido una gran parte de mi vida. Desde que era pequeña, mi mamá me leía e hizo TODAS las voces mientras yo representaba los papeles. Aprendí a leer a una edad temprana debido a su participación, pero también la volví loca porque aunque podía leer por mi cuenta, ¡siempre le rogaba que me contara historias! Para salvar su voz, mis padres me consiguieron una grabadora Fisher Price que reproducía libros en cinta.

     

Mientras mamá me encantaba las historias, papá me encantaba la música y me enseñó a hacer cintas mixtas a la edad en que otros niños estaban aprendiendo a patinar. Entonces, armado con mi nuevo juguete y un suministro interminable de casetes en blanco, comencé a grabarme leyendo algunos de mis libros favoritos. Nació un monstruo. No pude detenerme. Si no actuaba en un espectáculo o no hacía música, tenía que leerle a la gente. Me encantaba poder contar una historia, ser todo el mundo en ella y hacer que un libro fuera más accesible para alguien que de otro modo no lo habría leído. Y ahora, como narrador de audiolibros, ¡es mi trabajo!